lunes, 30 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD

- ¿Por qué me sacas la lengua?
- Porque me gusta.   
- Pero es Navidad.
- ¿Y qué?
 - Pues que en Navidad la gente está alegre y se lleva bien.

Natalia hizo un par de gestos que consideró alegres y, sin solución de continuidad, volvió a sacarle la lengua a su prima Clara. Una y otra vez. No tenía nada en contra de ella pero, no podía evitarlo, le encantaba irritarla.
                                                                   

A Clara le invadió una rabia incontrolable y echó a correr. Sus padres, que estaban en el jardín charlando con los padres de Natalia, se sorprendieron al verla llegar tan disgustada.

- Mamá, mamá, la prima Natalia me saca la lengua sin parar.- Dijo entre lágrimas.

La madre de Natalia se enfadó y fue a buscar a su hija. Aunque la casa de la abuela era enorme, Natalia conocía cada recoveco a la perfección. Los otros adultos se sumaron a la búsqueda y fueron llamándola habitación por habitación. Sus padres se crispaban a cada paso que daban y, con voz firme, lanzaban amenazas al aire para que su hija las oyera y saliera de una buena vez. Los tíos, un tanto incómodos, trataban de quitarle importancia. Clara, por su parte, disfrutaba imaginando la bronca que se iba a llevar su prima...

Quince minutos después todos coincidieron en la cocina sin resultado alguno. Entonces empezaron a preocuparse pensando que, quizás, temiendo la reprimenda, Natalia se hubiera escapado de casa. Hasta que, por fin, entre cubos y cepillos, la niña salió del escobero gritando:

- ¡Feliz Navidad!

Todos la miraron desconcertados, sin saber muy bien qué hacer ni qué decir. Por supuesto, la intención de Natalia no era otra que parecer una niña bromista y encantadora. Un intento desesperado que no consiguió exculparla en absoluto. Sin embargo, y a pesar del castigo irremediable, la experiencia de saberse invisible durante unos minutos le mereció la pena. Incluso hoy, aquél sigue siendo uno de los pocos momentos intactos que su memoria consigue traerle.

                      


Documentos gráficos tomados de Google Imágenes.                                                                                   

martes, 3 de diciembre de 2013

EL ESCONDITE

"¡Qué bien se tiene que estar ahí dentro! ¡Ojalá me tragara!", pensó cuando
vio aquella boca enorme. Entonces se puso delante y se quedó quieta.
Tan quieta que parecía parte del lienzo.
Cerró los ojos con la idea infantil de que, al abrirlos, se encontraría dentro del hombre.
Luego empezó a levantar los párpados lentamente.
Pero, nada, ningún cambio.
Allí seguían los dos. Cada uno en el extremo que le correspondía.
Ella no pudo evitar sentirse ridícula, y se reprochó fantasear con semejante tontería.
Suspiró levemente, se irguió, se dio media vuelta y se encaminó hacia otro cuadro.
                 
            
"Ya van tres entre ayer y hoy. Demasiada gente queriendo esconderse.
La verdad, no entiendo qué esperan encontrar aquí dentro...", pensó él mientras observaba
cómo la mujer se dirigía a su compañero de enfrente.