martes, 3 de diciembre de 2013

EL ESCONDITE

"¡Qué bien se tiene que estar ahí dentro! ¡Ojalá me tragara!", pensó cuando
vio aquella boca enorme. Entonces se puso delante y se quedó quieta.
Tan quieta que parecía parte del lienzo.
Cerró los ojos con la idea infantil de que, al abrirlos, se encontraría dentro del hombre.
Luego empezó a levantar los párpados lentamente.
Pero, nada, ningún cambio.
Allí seguían los dos. Cada uno en el extremo que le correspondía.
Ella no pudo evitar sentirse ridícula, y se reprochó fantasear con semejante tontería.
Suspiró levemente, se irguió, se dio media vuelta y se encaminó hacia otro cuadro.
                 
            
"Ya van tres entre ayer y hoy. Demasiada gente queriendo esconderse.
La verdad, no entiendo qué esperan encontrar aquí dentro...", pensó él mientras observaba
cómo la mujer se dirigía a su compañero de enfrente.